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Latinoamérica: el eslabón olvidado de la arquitectura moderna

El MoMA de Nueva York abre, por segunda vez, una exposición de la arquitectura latinoamericana.

 

Por:  VALERIA PÁEZ CALA | 

 1 de abril de 2015

 

En 1955, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) inauguró su primera exposición enfocada en la producción arquitectónica de Latinoamérica.

La exhibición ‘Latin American Architecture since 1945’ (‘Arquitectura Latinoamericana desde 1945’) presentó, bajo un concepto unificador, que sería la arquitectura latinoamericana, un registro fotográfico de aproximadamente 50 proyectos esparcidos en el sur del continente sin verdaderamente hacer énfasis en su génesis, originalidad y diversidad.

 

 

Hoy, 60 años después de la gran fecha, el museo ubica nuevamente la arquitectura de la región en el foco de su investigación y retoma la exposición con ‘Latin America in Construction: Architecture 1955-1980’ (‘Latinoamérica en construcción: Arquitectura de 1955 a 1980’), organizada por Barry Bergdoll y que está abierta al público desde el pasado 29 de marzo y hasta el 19 de julio de 2015.

Esta vez, ‘Latin America in Construction: Architecture 1955-1980’ se reinventa y reivindica la arquitectura en Latinoamérica como un eslabón clave para el entendimiento de la historia de la modernidad y sus respectivas manifestaciones artísticas. Además, propone un panorama que “recoloca al visitante obligándole a verlo desde el sur, y no desde la perspectiva de los países del norte”, como bien explica Bergdoll.

‘Latin America in Construction’ es el producto de un duro trabajo de recolección e investigación, coordinado entre equipos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, México, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, que, a lo largo de un periodo de cuatro años, lograron recoger más de 500 obras originales, en su mayoría nunca antes expuestas. Estos proyectos, enmarcados en una época de exploración, innovación y volátiles cambios políticos, dibujan un espectro de variadas y auténticas soluciones propuestas por los arquitectos a los problemas de sus respectivos países y configuran la idea de Latinoamérica como un paisaje en desarrollo. Todo esto se exhibe a partir de bocetos, planos, maquetas, fotografías de la época y fragmentos de películas, además de maquetas recientemente comisionadas a una organización cultural, Constructo, y fotografías actuales del brasileño Leonardo Finotti.

 

 

G. J. Museo de Arte de Ciudad Juárez, de Pedro Ramírez Vásquez (1964). Armando Salas Portugal

 

 

La antología debuta con algunos de los proyectos arquitectónicos más representativos previos a 1955 y algunas grabaciones que reviven la época y testifican el gran reto del momento: la cambiante vida urbana de las ciudades latinoamericanas. Estos filmes históricos que testimonian el intenso ritmo de cambio, modernización y desarrollo de las metrópolis abren las puertas de la exposición, que luego se despliega a lo largo de toda la galería Joan and Preston Robert Tisch y culmina con un lienzo de imágenes actuales de los proyectos y enviadas por usuarios de Instagram utilizando el hashtag #ArquiMoMA.

En términos museográficos, la disposición del material no responde a una lógica geográfica de diferenciación por país, sino que se organiza en torno a fenómenos arquitectónicos transversales que surgieron como respuesta a exigencias inéditas de la creciente urbanización del momento. Esto, por un lado, permite tener una lectura comparativa de las diferentes respuestas locales a problemáticas del continente en el marco temporal específico de la inmediata posguerra. Y en esta medida, tal orden invita a cuestionar la idea genérica de arquitectura latinoamericana según la cual la gran diversidad de producción arquitectónica de la región se ve reducida a una ficticia y superficial imagen de homogeneidad debida a su supuesta unidad geográfica y cultural.

El hilo narrativo de la exposición se teje a partir de tres grandes temas: los laboratorios urbanos, es decir, las ciudades universitarias; la ciudad, su planificación y sus respectivas obras de infraestructura, diseño edilicio y espacio público; y, por último, la vivienda.

La primera sección está consagrada a la construcción de los campus universitarios modernistas que se convirtieron no solo en laboratorios para los nuevos pilares de la educación, sino también en fragmentos claves para la ciudad ideal. Bajo ese concepto nace el término de la ciudad universitaria, que redefine los límites entre la urbe y la universidad. Allí, paralelamente a la Universidad Nacional de México (Unam) y a la Universidad Central de Venezuela (CU), se ilustra el campus universitario de la Universidad Nacional en Bogotá, diseñado por el arquitecto alemán Leopoldo Rother entre 1937 y 1945.

La segunda sección de la exposición corresponde al estudio de las transformaciones de las grandes urbes y sus respectivas propuestas y respuestas en tema de espacio público y equipamientos. En este módulo se conmemora el desarrollo de Brasilia, como espléndido ejemplo de ciudad abierta, proyectada por el urbanista Lucio Costa y ejecutada con la supervisión del arquitecto Óscar Niemeyer. Un ejemplo de esta idea de ciudad, que plantea grandes edificios aislados conectados por medio de plataformas públicas, puede ser identificado en el contexto de Bogotá a lo largo de la carrera décima y en el Centro Internacional. Paralelamente, se presentan grandes hitos públicos como el estadio Villa Olímpica (Cartagena), el Sena, el Museo de Ciencias Naturales, la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional y la Biblioteca Luis Ángel Arango, con su incomparable cascarón en madera.

En el tercer módulo, que se enfoca en la vivienda, Colombia se desenvuelve como uno de los principales protagonistas. Sobre la gran pared de la galería se despliegan los bocetos, dibujos, planos y maquetas –encargadas a la Universidad de Miami– de los proyectos más emblemáticos de la arquitectura colombiana. Se destacan algunos proyectos de vivienda multifamiliar como las Residencias El Parque de Rogelio Salmona, La Vivienda San Cristóbal de Salmona y Hernán Vieco, las Residencias El Polo de Salmona y Guillermo Bermúdez y, los Apartamentos Calle 26 de Arturo Robledo; y también se presentan otro proyectos de vivienda unifamiliar como el Barrio La Fragua, de Germán Samper y Yolanda Martínez de Samper, y las casas manifesto de Guillermo Bermúdez, Fernando Martínez Sanabria, Rafael Obregón y Enrique Triana. A pesar de que todos estos proyectos difieran en sus escalas, convergen en un punto común. Cada uno de ellos, y de una forma particular, reviven una y otra vez la idea de entablar, a través de la arquitectura, un incesante diálogo con los cerros bogotanos, mayor patrimonio de la capital.

 

 

 

Casa para Rafael Obregón, diseñada por Obregón & Valenzuela (1955), en el barrio El Chicó de Bogotá. Esta edificación fue demolida en los años noventa. Paul Beer.

 

 

Si bien la historia arquitectónica de Latinoamérica se ha entendido en su mayoría como la importación de estilos y tecnologías implementadas en Europa y Estados Unidos, Latin America in Construction se encarga de matizar aquella creencia. Entre 1955 y 1980 los países latinoamericanos crearon sorprendentes obras que ilustran un momento de intensa creatividad, exploración formal e innovación; y que ubicaron a la región en la vanguardia de las prácticas artísticas de la época. A este apogeo arquitectónico nunca se le ha reconocido plenamente su lugar en las memorias de la historia de la arquitectura moderna y es exactamente lo que busca Bergdoll a través de la exposición: “recalibrar la historia del arte del sigo XX” y “reintroducir a Latinoamérica en la conversación”.

Si retomamos una última vez el título de la exhibición, ‘Latinoamérica en construcción’, es claro que, además de evidenciar su contenido arquitectónico, está entendiendo el fenómeno como un organismo que aún sigue vivo y en mutación. En este orden de ideas, Bogotá, al igual que el resto de las metrópolis latinoamericanas, sigue siendo un laboratorio para la formación de nuevos ideales arquitectónicos y urbanísticos. Ahora, el debate se torna interesante cuando, primero, nos preguntamos si las políticas de desarrollo de Bogotá sí se están concibiendo como incubadoras para una arquitectura capaz de trascender y construir las bases que propician el desarrollo de una ciudad democrática y cívica. Segundo, surge la duda sobre si nosotros, ciudadanos, entendemos la ciudad como el soporte material de nuestra memoria colectiva, y si es así, cómo lo estamos protegiendo, conservando y enriqueciéndolo.

 

 Sala de Conciertos - Biblioteca Luis Angel Arango - Bogotá, Colombia.

Esguerra Saenz y Samper - Germán Samper

 

 

 

 

VALERIA PÁEZ CALA
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